COP31 en Antalya: dónde, quién y qué podemos esperar de la cumbre del clima

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Marta Ayllón

6 Nov, 2026

La cumbre climática anual ha dado comienzo en la ciudad turística de Antalya, en la costa mediterránea de Turquía. En un contexto donde la urgencia climática choca constantemente con la realidad geopolítica y económica global, es necesario mirar más allá de los lemas oficiales y analizar los cimientos de esta nueva cita. Hoy desglosamos la COP31 a través de tres ejes esenciales: el territorio, el liderazgo y las expectativas reales.

1. ¿Dónde se celebra? El Mediterráneo como vecindario climático

La COP31 se celebra del 9 al 20 de noviembre de 2026 en el Antalya Expo Center. Como es habitual, el espacio se divide en la Zona Azul (gestionada por la ONU y reservada para participantes acreditados) y la Zona Verde (coordinada por el país anfitrión y abierta al público).

La elección de Antalya no es casual: responde tanto a su infraestructura turística y de congresos como al fuerte simbolismo de situar las negociaciones en una de las regiones más vulnerables y afectadas por el cambio climático. Un impacto que compartimos de cerca: según datos de la AEMET, la temperatura media en España ha aumentado 1,75 °C desde 1961, recordándonos que el Mediterráneo no es una postal lejana, sino nuestro vecindario climático.

COP31 en Turquía

2. ¿Quién dirige la cumbre? Un reparto de poder inusual

Aunque las COP son convocadas por Naciones Unidas, la presidencia recae cada año en un país diferente. En esta ocasión, Turquía ejerce como anfitriona con Murat Kurum —ministro de Medio Ambiente, Urbanización y Cambio Climático— a la cabeza. Sin embargo, la gran novedad es que Australia dirige las negociaciones formales a través de su ministro Chris Bowen, fruto de un pacto de compromiso alcanzado en la COP30.

En la práctica, el reparto de funciones queda estructurado de la siguiente manera:

  • Turquía: Lidera el plano político y la Agenda de Acción, centrada en iniciativas voluntarias con empresas, ciudades y gobiernos.
  • Australia: Coordina la elaboración de los textos normativos que las partes deben aprobar por consenso.

Esta bicefalía puede actuar como un elemento de equilibrio o, por el contrario, añadir complejidad a unas negociaciones ya de por sí arduas.

3. El país anfitrión: luces y sombras ambientales

Analizar al país organizador exige examinar sus políticas con rigor y objetividad.

  • Las luces: Turquía ha posicionado el proyecto Cero Residuos como su gran bandera institucional, impulsado por la primera dama Emine Erdoğan. El país genera unos 36 millones de toneladas de residuos sólidos anuales y se marca el objetivo de recuperar un 35%. Asimismo, contempla una meta de neutralidad climática para 2053 y un plan robusto de 120 gigavatios de energía eólica y solar proyectado para 2035.
  • Las sombras: Turquía fue uno de los últimos países en ratificar el Acuerdo de París (octubre de 2021). Su contribución determinada a nivel nacional (NDC) para 2035 limita las emisiones a 643 millones de toneladas de $\text{CO}_2$ equivalente, una cifra que organismos como el Climate Action Tracker han calificado de «críticamente insuficientes», señalando que permitirían la estabilización o incluso el incremento de emisiones durante la próxima década. Además, informes previos apuntaban al país como un destacado productor de electricidad con carbón en Europa.

4. Las propuestas de la presidencia turca

Para esta cumbre, la presidencia ha puesto sobre la mesa tres iniciativas principales de carácter voluntario:

  1. El objetivo «35 por 35»: Pretende elevar la cuota de la electricidad hasta alcanzar el 35% del consumo final de energía en 2035, respaldado por informes técnicos de la Agencia Internacional de la Energía.
  2. Mitad de residuos: Reducir a la mitad el ritmo de crecimiento de los residuos de aquí a 2035.
  3. Puente de Implementación Climática (BRIDGE): Una plataforma destinada a conectar los proyectos de descarbonización de los países con fuentes potenciales de financiación.

Se trata de propuestas operativas de gran valor, aunque al no formar parte de los textos vinculantes aprobados por consenso, su naturaleza sigue siendo estrictamente voluntaria.

5. ¿Qué podemos esperar de la COP31?

Tras hitos recientes como el marco de París (2015), la mención a la transición de los combustibles fósiles en Dubái (2023), la meta financiera de Bakú (2024) y los indicadores de adaptación de Belém (2025), la COP31 se define formalmente como una cumbre de implementación.

Esto se traduce en menos grandes titulares y una intensa labor de «fontanería»: determinar cómo operan los mecanismos de transición justa, cómo se aplican los indicadores de adaptación y, sobre todo, cómo fluye la financiación. Los datos del balance de la Convención del 27 de octubre de 2026 advierten que los compromisos actuales reducirían las emisiones en torno a un 6% o 9% para 2035 en comparación con 2019, valores todavía insuficientes para contener el calentamiento global en el umbral de 1,5 °C. Las proyecciones sitúan el calentamiento actual entre 2,3 °C y 2,8 °C según las políticas vigentes.

Reflexión final

No debemos medir el éxito de la COP31 exclusivamente por sus declaraciones políticas, sino por tres señales concretas: la llegada y trazabilidad de los fondos de adaptación, la operatividad real del mecanismo de transición justa y el grado en que los combustibles fósiles logren permear en los textos formales de negociación.

Como parte de la representación española, cuatro jóvenes delegados seleccionados a través del programa Generación Clima acudirán a defender una participación activa de las nuevas generaciones. La pregunta de fondo sigue abierta: ¿cuánto valor tiene una cumbre si lo acordado no se aplica con urgencia en el mundo real?

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